Historia

VETONES Y ROMANOS

Imaginaos por un momento a aquellos remotos antepasados, los que anduvieron por estos campos, los que sintieron este paisaje de cerros y valles, de encinas y rastrojos, los que tallaron los "verracos" de piedra que todos conocéis, los vetones, que así se llamaban.

Imaginaos por un momento sus problemas: después de llevar viviendo aquí más de quinientos años, soportando la aspereza de este clima y la dureza de este suelo, aferrados a la tierra como único asidero para sobrevivir, se les plantea un problema más ante la llegada de otras gentes, los romanos, con lengua y cultura diferente, que tratan de imponerse por la fuerza.

Duro debió ser el choque entre ambos, pero del mismo surgieron nuestros antepasados.

La adaptación de unos a otros fue larga, pero se hizo, convivieron y se mezclaron durante más de cinco siglos. Existen restos escritos de aquella convivencia, de aquella mezcla, nombres de gentes de esa época, referencias de familias que vivieron en nuestra tierra hace casi 2000 años. Os podréis detener en las traducciones que se van a hacer, de las lápidas, para disfrute y conocimiento de todos nosotros.

VISIGODOS

Pero el tiempo que no para, en su devenir trajo nuevos problemas a la vida de los hispano-romanos, nuestros antepasados, con la llegada de nuevas gentes, esta vez con un afán destructor y de dominio: eran los que la historia ha denominado "bárbaros"; restos existen de su paso por nuestra tierra, el más visible es Burguilla, ¡quien lo diría, un asentamiento visigodo que con el paso del tiempo se convertiría en un lugar de culto mariano y origen de nuestras Fiestas! Algunos de aquellos visigodos vivieron en Burguilla, aunque otros lo hicieron con las gentes de aquí, que seguían viviendo en otros lugares, como Los Hormazos o Villares, en La Oliva, en La Torrealbilla, en el Toconar y posiblemente en los alrededores del caserío de nuestro pueblo.

Como veis, nuestros antepasados estaban repartidos en pequeños núcleos dispersos por todo el territorio, desde el río hasta la sierra; aquí donde estamos habría uno, quizás no fuera el más importante. Esta situación de contemporización entre hispano-romanos y visigodos, se prolongó por espacio de trescientos años y es muy probable que durante este tiempo se aglutinaran y se mezclaran unos con otros, los restos que existen apuntan en esa dirección.

ÁRABES

Pero los problemas, para los habitantes de aquel entonces, de aquellos antepasados nuestros, de hace unos 1250 años, no dejaban de presentarse. Una vez más otras gentes con lengua y cultura diferente se hacían dueños del territorio, esta vez eran los árabes. Los que aquí vivían comprendieron, que la llegada de éstos se debía a una disputa entre los que mandaban, los visigodos, que lo hacían desde Toledo, y los que venían, por eso no huyeron. Al contrario de lo que hicieron los nobles visigodos, los nuestros se quedaron, ¿dónde iban a ir?.

Nuestros antepasados se quedaron y siguieron con su lengua y sus costumbres, pagarían los impuestos a los que llegaron pero aquí siguieron, la historia denominó "mozárabes" a los cristianos que habitaban en territorio ocupado por los árabes, así, nuestros antepasados formarían una de las múltiples mozarabías de las cuales existen claras referencias. Los habitantes de nuestra tierra siguieron con su lengua, el latín, y sus costumbres, las cristianas. Hay constancia de algún asentamiento árabe en nuestro territorio, al estilo de los que hicieron los visigodos, por lo que es fácil suponer que se diera la convivencia entre nuestros antepasados y los invasores, situación que se prolongó durante largos años.

CRISTIANOS

Con el peligro alejado de la zona, se estimuló la llegada de más cristianos del norte a la tierra de Talavera, lo que obligó a poner en producción nuevos recursos, pastos, labrantíos, madera, ... etc en la otra margen del río, al sur del Tajo. Así, unos colonos llegados del norte pensaron establecerse en la zona de nuestro pueblo, y solicitaron al rey Fernando III que les concediese el derecho de poblar. El rey les concede tal merced en una carta dada en Sevilla el 13 de enero de 1249, en la que se dice que "lo pueblen y labren así como entendieren que será más pro (más favorable) ". Al llegar los colonos, se encontraron, que en la tierra concedida para su explotación, existía cierta población distribuida en núcleos pequeños, en los Hormazos, la de los Villares de San Blas, la de los núcleos de siempre, la hispano-romana, nuestros antepasados; pero ellos, los colonos, tenían una licencia real para poblar las Tierras del Pedroso, de modo que entraron en conflicto sus intereses con los intereses de los habitantes de aquí. Es de suponer que los colonos, establecieran negociaciones y se pusieran de acuerdo con los que aquí vivían, para fundar en el sitio que hoy ocupa nuestro pueblo, donde estamos, el caserío con el nombre de Villar del Pedroso. Villar por los habitantes provenientes de los Villares u Hormazos, y Pedroso, por la concesión real a los colonos que debían repoblar la zona del Pedroso.

Y una vez puestos de acuerdo, decidieron construir el caserío, en una zona donde debían existir algunas construcciones antiguas, en un cerro entre tres arroyos, Navalachica-Caganchas y Morcillo; y así lo hicieron y surgió nuestro pueblo en el sitio que hoy lo contemplamos. Este fue el origen de Villar, allá, a mediados del siglo XIII, obra de los descendientes de vetones-romanos-visigodos y de cristianos del norte, de los colonos del Pedroso.

A partir de ese momento Villar ha continuado existiendo, no sin sobresaltos, con épocas de esplendor, como pudo ser el siglo XV, una prueba de ese momento álgido es la construcción de la iglesia. No hay tiempo para analizar la evolución de nuestra comunidad a lo largo de los siglos, ya lo habrá en otro momento y lugar. Como tampoco ha lugar para establecer una correspondencia entre los ritos de nuestro Carnaval y la evolución del pueblo. Animo a los jóvenes a que lo investiguen.

Pero me voy a detener brevemente en la situación de Villar en el siglo XVIII, hace unos doscientos cincuenta años, cuando se hizo el catastro del Marqués de La Ensenada. En aquel año de 1750, el alcalde del pueblo era Francisco López de Ayuso.

El casco urbano era prácticamente el que ahora ocupa el caserío, los habitantes más del doble de los actuales y la vida del pueblo intensa. Además de la ganadería y de la agricultura, existía la explotación del aceite, la vid, el lino y la seda. Existían hasta siete molinos en los arroyos y el río, había oficios que cubrían los servicios que entonces necesitaba la población; así ha quedado escrito que había panaderos, carniceros, curtidores, zapateros, mieleros, carpinteros, herreros, picapedreros, de lo que se deduce que era una comunidad vital. Nuestro pueblo, por su posición geográfica, ha sufrido los envites de todas las guerras que han ocurrido en España. Para limitarnos solo a los últimos siglos, se tienen noticias de su participación en la Guerra de Sucesión, a principios del siglo XVIII, en la de La Independencia a principios del XIX, en las Guerras Carlistas, durante todo el siglo XIX, y en la Guerra Civil, en la primera mitad del siglo pasado. Estos sucesos siempre han dejado huella en la población.